¿Quién enseña a quién?

Desde que supe que estaba embarazada, años ha, empecé a imaginar qué tipo de madre quería ser y cómo sería mi relación con mi hijo. Estaba segura de que tendría un niño y así fue. Pensé en todos los viajes que haríamos juntos, los cuentos y los libros que le mostraría, las personas que querría que conociera… En definitiva, me hice un esquema de vida junto a él y pensé en todo lo que quería enseñarle.
Ahora que mi hijo está conmigo todas esas ideas siguen en pie… pero matizadas. Ahora sé que él tiene su propia personalidad y sus gustos, que desde luego no siempre tienen que ver con los míos, y sus inquietudes particulares. Mi “trabajo” respecto a todo ello se verá reducido a conocer cuáles son sus sueños y animarle a alcanzarlos.
También me he dado cuenta de que los niños tienen una visión de las cosas muy distinta de la de los adultos. Ellos lo ven todo con una sencillez y un lirismo maravillosos. ¿En qué momento de la vida lo perdemos?
Estas reflexiones íntimas me han hecho pensar en un viejo cuento, cuyo autor lamento no recordar. El relato en cuestión nos habla de lo mucho que creemos los mayores que tenemos que enseñar a los niños… y lo mucho que en realidad tenemos que aprender de ellos.

“Un padre quería mostrar a su hijo las penurias que pasan algunas familias y lo afortunados que eran ellos al vivir con tantas comodidades. Para ello le llevó a una vieja granja, donde vivía una familia trabajadora y humilde.
Al regresar a casa, el padre le pregun­ta a su hijo: ¿Qué te pareció el viaje?
Y el hijo respondió: Muy bonito, papa
Padre: ¿Viste lo pobre que puede ser la gente?
Hijo: Si
Padre: ¿Y qué aprendiste?
Hijo: Vi que nosotros tenemos un perro en casa, ellos tienen cinco. Nosotros tenemos una piscina hasta la mi­tad del jardín y ellos tienen un arroyo que no tiene fin. Nosotros tenemos lámparas en el patio, ellos tienen las estrellas. Nuestro patio llega hasta la muralla de la casa, el de ellos tiene todo un horizonte. Ellos tienen tiempo para conversar y convivir en familia, tú y mamá tenéis que trabajar todo el día y casi nunca os veo.
Al terminar el relato, el padre se quedó mudo, y su hijo agregó:

Gracias papá, por enseñarme lo pobres que somos
“(Por Sandra Sanchez,redactora de Crecer Feliz)


Me gustaría que entrarais en el blog de pequesymamis y os leais este pequeño artículo.Os aseguro que no os dejara indiferentes y os hará reflexionar.
No nos damos cuenta de que nuestros hijos tienen una visión del mundo muy diferente a la nuestra y que aunque no nos demos cuenta ,en multitud de ocasiones, podemos aprender de esos grandes bajitos.
¿Te ha ocurrido alguna vez que tu hij@ te ha dado alguna lección que te ha dejado con la boca abierta?

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