Psicología infantil Bernabé Tierno: Educar al niño para la amabilidad

Los padres deben potenciar las buenas acciones de los niños desde bien pequeñitos, para que crezcan siendo personas buenas, generosas, solidarias y entusiastas.

 A comienzos del 2000, daba yo una conferencia en San Sebastián y, al final del coloquio, se me acercó un caballero acompañado de su esposa y de su hijo, que debería de tener unos nueve años. El título de la conferencia era “Educar para la amabilidad”. La mayoría de los asistentes ya se habían marchado y fue entonces cuando se me acercaron para saludarme. Mi pregunta al niño fue ésta: “¿Qué piensas ser de mayor?”. El pequeño, sin dudarlo, me dijo: “Mi padre siempre me dice que lo máximo que puedo ser, y lo que a él le gustaría que yo fuera, es una buena persona”.

• De inmediato, me di cuenta de que estaba ante unos padres y un hijo excepcionales. Mi respuesta fue de alabanza y de motivación, tanto para los padres como para el propio niño. Sus padres no le exigían que fuera el mejor médico, abogado o empresario, sino, sencillamente, una “buena persona”.

• Se me quedó bien grabado en mi mente que un padre tuviera la feliz idea de pedir a su hijo, por encima de cualquier otra cosa, ser bueno. Sin dudarlo, le dije al niño: “Que sepas que quien quiere ser bueno, como te sucede a ti, ya es bueno en gran medida”. Me acordé de la conocida frase sobre la bondad de E. P. Beauchene, médico y escritor francés de finales del siglo XVIII : “Proponerse ser bueno es serlo ya”.

Activar las neuronas de la amabilidad

• Enseñar a un niño a ser buena persona es facilitar las cosas para que, ya desde la primera infancia, se vayan activando juntas en el niño las neuronas de empatía, de bondad, de respeto hacia los demás, de cordialidad y de amabilidad. Así, se irán formando “redes neuronales” positivas, que faciliten en el futuro joven y adulto las acciones generosas, solidarias y de auténtica bondad.

• Según nos enseña la psiconeurología, “las neuronas, muchas veces, llegan a formar redes neuronales, tanto positivas como negativas”, lo inteligente es que no permitamos que se “activen juntas” neuronas de maldad, de odio, de egoísmo, de indisciplina y de sentimientos negativos, porque, entonces, toda la personalidad de ese niño quedará invadida de tendencias hacia las acciones negativas. Por el contrario, si activamos las neuronas de bondad, de ilusión, de amabilidad y de hacer el bien, le estamos facilitando las cosas al pequeño para que adquiera hábitos positivos, gratificantes y constructivos.

• En realidad, educar para la amabilidad no es otra cosa que educar para la empatía, el amor a los demás, la cordialidad, las buenas formas y, en definitiva, para vivir mejor y más en paz con uno mismo y con los demás.

A lo largo de todo el año 2010, sugiero a los padres y educadores que tengan bien presente reforzar, alentar y potenciar todas las buenas acciones de los niños ya desde la más corta edad.  

 Bernabé Tierno.
Psicólogo y escritor.


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